AETAL

Un diálogo sobre la educación teológica

Entendemos como finalidad de la educación teológica la capacitación del pueblo de Dios para el servicio del reino. Esta capacitación debe tener como resultado personas aptas para las tareas pastorales y educativas implicadas en la formación del pueblo de Dios para el cumplimiento de su misión en el mundo. Las tareas involucra el desarrollo de relaciones interpersonales, el evangelismo, el asesoramiento, el acompañamiento y la exhortación para el establecimiento de comunidades maduras que glorifiquen a Dios en el mundo.

La luz de tales objetivos, la pedagogía evangélica debe reflejar la de la Biblia, que no consagraba el academicismo, sino que trataba con la definición y resolución de problemas pastorales en sus aspectos doctrinarios y prácticos, para producir una conducta digna de Cristo. Esto supone familiaridad con la Palabra de Dios, sumisión a ella y aptitud para exponerla de manera contextual y relevante mediante el uso de los recursos disponibles.

Reconocemos que los recursos vitales para la tarea de la educación teológica son la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios y el propio pueblo de Dios capacitado por el Espíritu. Esta tarea necesita ser entendida como intelectual, en el sentido de comprensión y transmisión de la Palabra escrita, sin, sin embargo, dar lugar al intelectualismo o conceptualismo alienado de la vida.

Necesita ser entendida como espiritual, en el sentido de dependencia del poder del Espíritu, que se expresa en modificación de carácter a la luz de la Palabra. Necesita ser entendida como comunitaria por demandar la comunión del pueblo de Dios y apuntar el servicio a ese pueblo por la enseñanza y la exhortación, sin ceder al individualismo descomprometido que muchas veces caracteriza nuestra herencia pietista.

Dificultades, Necesidades, Limitaciones y Desafíos

La creciente informalización de la sociedad, provocada por la explosión demográfica, aceleración tecnológica y confusión ideológica, ha ocasionado el aumento de la improvisación, marginalidad y lucha desesperada por la supervivencia.

La muerte de las utopías ha resultado en un vacío existencial y en una desorientación social. El discurso teológico corre el peligro de volverse vacío y la educación teológica de perder sus referencias.

Un relativismo ético ha afectado peligrosamente a todos los sectores del evangelicalismo y tolerado un dedonismo «cristiano» alimentado por una aceptación acrítica del marketing secular. La competencia entre los diversos credos y creencias que disputan el «mercado» ha producido un aflojamiento de las exigencias del discipulado cristiano.

La razón ha sido abandonada en favor del sentimiento, con expresión en la música, en la literatura y también en la religiosidad. Como consecuencia, la reflexión teológica ha sido considerada como mera pérdida de tiempo. Ha habido más «mercado» para la acción y la emoción.

El fenómeno religioso ha persistido, a pesar de todos los pronósticos del liberalismo y del marxismo, aunque de manera irracional, siendo utilizado como válvula de escape por una sociedad cada vez más deshumanizada y cosechada por su propio progreso tecnológico. Nuestra época se ha caracterizado por la romería religiosa, ya sea a los tradicionales santuarios católicos, a los centros espiritualistas oa los macizos acontecimientos evangélico-carismáticos.

Ha crecido un protestantismo popular, aglutinando varias de las tendencias arriba mencionadas, pero también ofreciendo respuestas pastorales a los anhelos espirituales de parte significativa de la población latinoamericana. Las denominaciones históricas han crecido menos que el pentecostalismo y mucho menos que el neo-pentecostalismo, y para ellos han perdido muchos de sus miembros, a pesar de todo su aparato educativo teológico.

Las escuelas, algunas veces, se han distanciado de las iglesias y de la vida cotidiana. En algunos casos, se ha llegado al extremo de formas educativas que no permiten al alumno expresarse y realizarse. Tales formas tienden a la uniformidad ya una falta de integración de lo sensorial, lo intuitivo, lo relacional y lo ético. Además, han promovido a la competitividad y el elitismo.

La gran mayoría de los cambios e innovaciones realizados en estas escuelas no parecen tocar lo esencial. El conocimiento, que generalmente viene de los libros o del discurso del profesor, y pocas veces de la investigación y experiencia del propio alumno, es recibido, memorizado y repetido. Rara vez es descubierto, probado y recreado por los que están allí para aprender.

Las escuelas, originalmente iniciadas por las iglesias, se han distanciado, perdiendo gran parte de su relevancia social y ministerial.
Propuestas

Las propuestas presentadas a continuación no pretenden cerrar el diálogo, que entendemos debe ser permanente.

La educación teológica, que reconocemos ser una responsabilidad de las iglesias instrumentalizadas por las escuelas, debe:
(1) destinada a la realización personal del alumno, lo que sin duda incluye el desarrollo de una devoción individuo con Dios, expresada en comunión regular con él mediante la lectura de la Palabra, la oración y el culto, y la demostración de humildad y servicio en un contexto de la comunidad, on

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